Hace una década, un grupo de voluntarios en la zona metropolitana de Guadalajara se embarcó en un ambicioso proyecto para convertir un parque en un “bosque-escuela”, un espacio destinado a educar al público sobre distintos tipos de bosques. Sin embargo, lo que parecía ser una hermosa iniciativa se ha visto amenazada por un enemigo inesperado: el muérdago, conocido científicamente como Psittacanthus calyculatus.
Semillas pegajosas en abundancia
Durante una visita a este parque, observé cómo las ramas de los jóvenes árboles estaban cubiertas de cientos, posiblemente miles, de pequeñas semillas pegajosas. Ricardo López, ingeniero y líder del grupo, me explicó que estas semillas, que se depositan semanalmente, obligan a los voluntarios a limpiar las ramas cada sábado, retirando alrededor de dos kilogramos de semillas.
“Esto está ocurriendo en todo el oeste de México”, advirtieron los ambientalistas, señalando que la situación se tornaba crítica para la supervivencia de los árboles.
La estrategia del muérdago
El muérdago, que pertenece a un grupo de aproximadamente 150 especies de plantas parásitas, ha desarrollado sofisticadas técnicas para extraer agua de los árboles, debilitándolos y, en muchos casos, llevándolos a la muerte. Su mecanismo se activa cuando un pájaro consume la baya del muérdago, liberando una semilla que, gracias a su recubrimiento de viscin, se adhiere fácilmente a la corteza del árbol.
Invadiendo el árbol huésped
En lugar de desarrollar raíces normales, la semilla de muérdago crece una especie de “perforador” que penetra la rama del árbol. Este proceso es facilitado por enzimas que descomponen la corteza dura del árbol, permitiendo que el muérdago acceda a los sistemas de agua del huésped.
El lento camino hacia la muerte
Los árboles que se encuentran en bosques densos pueden defenderse mejor contra el muérdago. No obstante, aquellos ubicados en áreas urbanas son vulnerables y, a menudo, sucumben lentamente a la infestación, lo que se traduce en un declive progresivo que puede culminar en la muerte del árbol.
En agosto de 2026, Sergio Graf, director de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), identificó al muérdago como uno de los principales problemas forestales en México, afectando vastas áreas de bosques.
Brigadas anti-muérdago
En Jalisco, una de las regiones más afectadas, las comunidades están formando grupos para combatir el muérdago. Susana Ibarra, miembro activo de “Vecinos contra el Muérdago”, expresó su preocupación: “Este problema no se puede resolver con químicos. Contamos con la ayuda de arboristas que trepan a los árboles para cortar las ramas infectadas, pero cada vez que miramos encontramos más muérdago.”
El proceso de eliminación
Juan Carlos Velázques Hueso, un arborista, explicó que utilizan técnicas cuidadosas para evitar dañar los árboles. Usan cuerdas y un sistema de nudos para trepar sin clavar espolones en la corteza. Una vez en la rama infectada, procede a amputar la parte afectada.
Esperanza en la lucha
“No creo que alguna vez erradiquemos el muérdago”, reflexionó Hueso, “pero espero que logremos controlarlo. La batalla es dura, pero la naturaleza también nos da recursos para ayudar a la fauna local.”
Este enfoque, que combina esfuerzo comunitario y técnicas de arboricultura, es fundamental para enfrentar una de las crisis más serias que amenazan la flora de México. La lucha por preservar los árboles y su ecosistema continúa, con la esperanza de un futuro más saludable para los bosques.




